taller empoderamiento femenino

Poderosas y empoderadas

Por Majo Giménez y Javi Alfonso

Fotografías: Amparo Muñoz y Javier Sancho.

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Hace unos meses iniciábamos el taller “Empoderament a escena” en Catarroja (València) en el que a través del teatro planteábamos una manera diferente de enfrentarnos a retos personales.

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Un grupo de valientes mujeres, sin saber exactamente qué se encontrarían, se atrevieron, y nos acompañaron en esta aventura, su aventura. A lo largo de estos cuatro meses hemos aprendido, nos hemos reído, hemos llorado y sobre todo, nos hemos conocido y hemos creado un vínculo. Un lugar dentro de nosotras.

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Algo como poner un pie en un escenario o enfrentarse a un texto para representarlo en voz alta, ante un atril, son cosas que pueden parecer fáciles, pero no lo son, y menos, si nunca has tenido la necesidad de hacerlo. Pero este grupo encontró esa necesidad y la hizo suya, le dio la vuelta y convirtió sus “debilidades” en fortalezas, para sacar el máximo provecho y beneficio al taller que hemos desarrollado.

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La prueba ha culminado con una muestra ante el público llena de improvisaciones, lecturas y desparpajo por parte de las maravillosas y la mayoría de ellas debutantes actrices (ya se les puede llamar así) y el resultado ha sido sencillamente asombroso. “Llevo varios días con el estómago revuelto por los nervios” decía una de las alumnas ante la idea de ponerse por primera vez ante el público. Se cerró el telón y les tocó esperar ansiosas a que finalizasen las presentaciones por nuestra parte y empezase el espectáculo, que como cabía esperar, no tardaron en hacer suyo.

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En ese espectáculo vimos a mujeres nerviosas, emocionadas y enteras, gritando un mensaje que los asistentes llevarán consigo durante (esperamos) mucho “Soy libre” o “Soy auténtica” o “Mi cualidad es la pasión”.

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Ya han pasado varios días y seguimos escuchando cómo las actrices nos dan las gracias por darles la oportunidad de subirse a un escenario y que esto las haya cambiado. No, las gracias os las damos nosotros, por compartir con Mos Teatre vuestra pasión, arte y poder. Sois un grupo extraordinario y fuerte. Esto es sólo el principio.

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“No me llames muñeca”

El pasado 1 de marzo, Mos Teatre tuvo el placer de participar y coordinar unas lecturas dramatizadas para la semana de la mujer en Catarroja con el título deNo me llames muñeca. Fue un placer tener la oportunidad de mostrar el talento emergente de los valientes alumnos del taller de teatro municipal que se animaron a participar.

Gracias a los alumnos Felisa Casañ, Sergio Malonda, Amalia Olivares y Sandra Suárez por su talento y a Amparo Muñoz por su apoyo y gestión.

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Os dejamos uno de los textos que leímos en el evento: El legendario monólogo de “Casa de Muñecas” de Ibsen.

Siéntate; esto va a ser largo. Tengo mucho que decirte.

Es eso realmente lo que pasa: no me comprendes. Y yo nunca te he comprendido tampoco… hasta esta noche. No, no me interrumpas. Vas a escuchar todo lo que yo te diga… vamos a ajustar nuestras cuentas, Torvald.

Estamos aquí sentados uno frente a otro. ¿No te extraña? Llevamos ocho años de casados ¿No te percatas de que hoy es la primera vez que tú yo, marido y mujer, hablamos con seriedad? Desde que nos conocimos no hemos tenido una sola conversación seria, nunca hemos intentado llegar juntos al fondo de las cosas.

Se han cometido muchos errores conmigo Torvald. Primeramente por parte de mi padre y luego, por parte tuya. Nunca me quisisteis. Os resultaba divertido encapricharos por mí, nada más. Cuando vivía papá, él me manifestaba todas sus ideas, y yo las seguía. Si tenía otras diferentes, me guardaba muy bien de decirlo, porque no le habría gustado. Me llamaba su muñequita y jugaba conmigo, ni más ni menos como yo con mis muñecas. Después vine a esta casa contigo… Quiero decir que pasé de manos de papá a las tuyas. Tú me formaste a tu gusto y yo participaba de él… o lo fingía… no lo sé con exactitud, quizás lo uno y lo otro. Cuando miro hacia atrás me parece que he vivido aquí como una pobre… al día. Vivía de hacer piruetas para divertirte, Torvald. Como tú querías.

Creí ser feliz aquí, pero solo estaba alegre y eso es todo. Eras tan bueno conmigo… Pero nuestro hogar no ha sido más que un cuarto de recreo. He sido una muñeca grande en esta casa, como fui muñeca en casa de papá. Y a su vez los niños han sido mis muñecos. Me divertía que jugaras conmigo, como a los niños verme jugar con ellos. He aquí lo que ha sido nuestro matrimonio. Tenías razón hace un momento, aunque fuera producto de tu excitación, cuando me dijiste que no podía educar a los niños, es una labor superior a mis fuerzas, hay otra de la que debo ocuparme antes. Debo procurar educarme a mí misma. Tú no eres capaz de ayudarme en esta tarea. Para ello necesito estar sola. Y por esa razón voy a dejarte. Necesito estar sola para orientarme sobre mí misma y sobre lo que me rodea. No puedo quedarme más contigo, mañana salgo para mi tierra, allí me será más fácil encontrar un empleo.

¿Que ante todo soy esposa y madre? Ya no creo en eso, creo que ante todo soy un ser humano, igual que tú… o al menos, debo intentar serlo y tengo otros deberes no menos sagrados conmigo misma. Sé que la mayoría de los hombres te darán la razón y que algo así está escrito en los libros y lo dice la religión y las leyes, pero ahora quiero tratar de comprender por mí misma a quién asiste la razón, si a la sociedad o a mí.

Lo lamento Torvald, porque siempre has sido bueno conmigo… pero no lo puedo remediar, ya no te amo. He esperado durante ocho años con paciencia por un milagro.
Si piensas que pido demasiado, que no hay quien sacrifique su honor por el ser amado, déjame decirte que lo han hecho millares de mujeres.

Pero tú no piensas ni hablas como el hombre a quien yo pueda unirme. Cuando te has repuesto del primer sobresalto, no por el peligro que me amenazaba, sino por el riesgo que corrías tú; cuando ha pasado todo, era para ti como si no hubiese ocurrido nada. Volví a ser tu alondra, tu muñequita, a la que tenías que llevar con mano más suave aún, ya que había demostrado ser tan frágil y endeble… en ese mismo instante me he dado cuenta que había vivido ocho años con un extraño… tal como soy ahora, no puedo ser una esposa para ti. Aquí tienes tu anillo, dame el mío.

Las muchachas están al corriente de cuanto respecta a la casa… mejor que yo… ¡Ah Torvald! Para que dejáramos de ser extraños, tendría que realizarse el mayor de los milagros, tendríamos que transformarnos hasta el extremo de que nuestra unión llegara a convertirse en un verdadero matrimonio.