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El texto como partitura

Por Javi Alfonso.

El texto te da unas pistas. Tratas de colocar a un actor o actriz en un lugar para que tire de su intuición y pueda defender lo que va a hacer en un escenario. Pero el texto, por grande que sea, siempre acaba siendo un material del que partimos, la vida la ponemos nosotros.

Le das unas pistas a una chica para que, tras leer un texto y sacar las primeras claves de un personaje, haga una improvisación y empieza la magia. Unos minutos después, hacemos lo mismo con otra chica y no tiene nada que ver un trabajo respecto al otro.

La clave es la percepción personal de esas pistas, no tienen nada que ver con nuestro perfil físico, si no con cómo nos quedamos con lo que creemos que es la información importante de todo eso y nuestro cuerpo lo interpreta. Y todos los cuerpos son distintos, eso es lo fascinante.

Por esto mismo, proponemos un ejercicio: leemos un texto que es una descripción de un personaje en primera persona acompañada de una breve historia. Extraemos esas pistas y después, olvidamos el texto, nos quedamos con las claves y nos lanzamos a hacer una improvisación. El resultado es asombroso. Nuestro cerebro ha seleccionado sólo lo que considera importante de lo que hemos leído y nuestro cuerpo se pone en marcha. Ponemos en pie y damos vida a esas claves y en definitiva, a ese personaje. Lo fascinante de todo es que cada cuerpo es distinto y por lo tanto, cuando llega el momento en que el actor/actriz empieza a tomar decisiones en el escenario llega la verdadera actuación, cuando cada uno tira por un lado u otro. El texto queda como una partitura, esencial, pero es una herramienta más.

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¡Quiero hacerlo!

Por Javi Alfonso y Majo Giménez.

Cuando te pones a trabajar con los más jóvenes, y hablo de 12-16 años, siempre surge un poco de vergüencita. Están abandonando la niñez y eso implica que surge el miedo a equivocarse y a juzgarse una y otra vez por cada cosa que hacen. Pero siempre encontramos un camino. Ya sea sentados en círculo, en el escenario, o en las butacas, siempre acaba desatándose esa valentía que les impulsa a salir al escenario con determinación a demostrar de qué son capaces.

A veces resulta curioso, cuando tanteamos un poco a los alumnos, como personas interesadas en la interpretación te sorprenden con que no conocen una película o un texto que forma parte de la cultura popular, pero eso, no tiene que ser necesariamente negativo. Les hablas de una historia clásica, una ecuación sencilla, una historia de aventuras a la antigua usanza y les fascina comprender y adentrarse en sus personajes, subir al escenario casi con los ojos vendados y lanzarse sin temor a transformarse en uno de esos piratas, princesas o espadachines.

La manera que tiene una persona joven de afrontar el trabajo teatral es siempre a través de la pureza y la inocencia, y esto es maravilloso. Es casi como descubrir una isla perdida, como explorar una tierra inexplorada y ver como poco a poco van descubriendo un montón de cosas que quieren y les encanta hacer pero que no conocían hasta el momento.

¡Adelante, chicos, estáis haciendo un buen trabajo!

josé sacristán

Hay que cuidar a nuestros artistas

Por Javi Alfonso.

En la clase de ayer a los adolescentes, hablábamos del concepto de RESPONSABILIDAD. Algunos ejercicios que hacemos pueden resultar casi más un juego o un divertimento y a veces es fácil olvidarse del verdadero objetivo del mismo, por eso, en ocasiones, debemos soltar un poco el acelerador para reflexionar qué hacemos en un escenario. Es fácil encontrar opiniones sobre la actuación en las que se refieren al escenario como “suelo santo”. No sé si será santo, pero estar encima de un escenario siempre es un privilegio, y por lo tanto, el actor/actriz, aparte de divertirse y aprender, tiene la responsabilidad de afrontar cada prueba que se le pone con ahínco y esfuerzo.

Tuvimos tiempo de hablar de otras tantas cosas, pero, esto de la responsabilidad nos llevó a nosotros, los profesores, a una reflexión, y es a la responsabilidad que tenemos y que ya se nos supone como formadores y además, la que no está escrita en ninguna parte pero que, para nosotros es un deber. Este deber es el de mostrar un camino a los alumnos, como igual a igual. Cuando hablas con niños y gente joven tienes que pensar que tienes entre manos un material delicado, un diamante en bruto y que todo puede influenciarles (positiva y negativamente) y que de alguna forma, están “recopilando” información para conformar su personalidad, gustos y criterio. Por esto, es importante preguntarles qué cosas les gustan, qué tipo de cine o teatro les gusta ver, en qué se fijan de los actores y actrices que les gustan. “Me gusta mucho el actor que hace de Gandalf en El señor de los anillos“, decía una chica, y eso nos daba pie para explicarles el camino de un actor. ¿Es Ian McKellen Gandalf y Magneto? Por supuesto, y no creo que él reniegue de serlo, pero como personas curiosas e interesadas por la actuación, debemos indagar un poquito más y descubrir que hablamos de uno de los grandes actores que ha dado la interpretación a nivel mundial, y es importante conocer esto.

Esto nos llevó a otra interesante conversación precisamente sobre las trayectorias de los actores. Estos chicos que empiezan a subirse ahora a un escenario empiezan a darse cuenta de lo difícil que es, de la entrega que necesitamos para lograr nuestros objetivos en escena y tal vez ahora, empiecen a valorar más el trabajo de los actores y actrices que les gustan. ¿Alguien conoce a José Sacristán?, les pregunté a los adolescentes y nadie contestó. ¿Alguien ve la serie “Velvet“?, una chica levantó la mano. Le expliqué que Sacristán interpreta al tío de la chica protagonista, entonces cayó y dijo “¡oh, sí!, ese hombre lo hace muy bien”. Les expliqué que Sacristán, es probablemente uno de los mejores actores que ha dado nuestro país, pero al contrario que McKellen, que es conocido a nivel universal y puede permitirse aceptar o rechazar el papel que le dé la gana, debe aceptar trabajos alimenticios como “Velvet” (con todo el respeto hacia la serie y las series de televisión en general que tanto nos gustan y enganchan), ganar algún galardón (como los que ha recogido en los últimos años) y esperar la consideración de alguna academia que se decida por fin a homenajearlo como corresponde o la aceptación de un público que nunca sabes a quién va a decidir dar popularidad.

No nos gustan las conclusiones pesimistas, y menos cuando cierran conversaciones tan interesantes como ésta que tuvimos en clase, pero lamentablemente, de momento, este país está muy lejos de cuidar a sus artistas como debería. No pasa nada, seguiremos peleando.