Finalizamos el curso intensivo de interpretación

Por Javi Alfonso.

Este fin de semana hemos finalizado el curso intensivo de interpretación de noviembre y podemos decir con la boca llena que ha sido un éxito. Éxito en cuanto a entrega, voluntad y esfuerzo. No es común que hayamos terminado cada clase con ganas de más y más, de comernos el mundo, eufóricos, pero realmente ha sido así. Gracias a este grupo reducido por prestarnos su talento (que no ha sido poco) y alimentar el significado de lo que nosotros consideramos casi más un laboratorio que un aula.

Por este taller de investigación pasan alumnos de todas las edades y orígenes, pero lo que importa es cuando alguien cruza la puerta y compruebas que está dispuesto a todo, que no tiene miedo, y para nosotros, eso es indispensable para empezar un proceso formativo.

Terminamos este curso, pero con las pilas bien cargadas, seguimos trabajando en el curso continuo de cada jueves y en breve, volveremos con nuevos talleres y cursos intensivos de interpretación.

¡Gracias, chicos, por vosotros amamos lo que hacemos!

El ritmo en la escena

Por Javi Alfonso.

Estoy viendo una escena, en una película, una serie o un montaje teatral. Algo falla, pero no sé qué es; los actores resultan “creíbles”, el argumento es bastante sólido y todo parece bastante en orden. Entonces, ¿Qué está fallando?

Cuando nos asalta esta duda, normalmente el ritmo suele ser el culpable. El ritmo, o tempo como queramos llamarlo, debe estar en comunión con el resto de los elementos de la escena, y por elementos entiéndanse los actores, fotografía y banda sonora si la hubiese, puesta en escena e incluso ambientación. El ritmo de nuestro personaje no debe pelearse con el resto de engranajes de la secuencia, tenemos que encontrar un equilibrio para que forme parte de un todo.

Pensemos en referentes que tenemos tan presentes como por ejemplo la popular serie de TV “Friends“. ¿Por qué funcionaba tan bien? ¿Por qué las secuencias resultaban tan cómicamente efectivas? Aparte de porque había un gran trabajo de interpretación y dirección actoral, el responsable de ésto es, una vez más, el ritmo. ¿Os imagináis a los personajes de Chandler o Joey, por poner un ejemplo, haciéndose la puñeta cada uno a un ritmo diferente? ¿O a Marlon Brando en “El último tango en París” comportándose como Jim Carrey en “La máscara“? ¿No, verdad? No tendría ningún sentido.

¿Qué claves existen para no distanciarnos del ritmo de nuestro personaje y del marco en el que está? Sobre todo, hacer un exhaustivo análisis de la persona que vamos a interpretar y entender cada parte de la historia que vamos a mostrar al público. Cada parte, cada coma, cada acción, debe estar perfectamente asimilada por nosotros para finalmente, cuando oímos el “ACCIÓN” o entramos en escena, nos sintamos que formamos parte de un todo. No somos cabezas parlantes independientes, somos parte de algo, y sin nosotros, sin un trabajo bien hecho, nada tiene sentido. De la misma forma, que sin el resto de elementos que componen la escena, nuestro trabajo carece de sentido.

Energía, intensidad, fuerza

Por Javi Alfonso.

Siempre es emocionante empezar un nuevo curso. Hace unos días empezábamos uno intensivo, nuevamente de interpretación para cine y TV. Esto, nos obliga a repasar algunos principios básicos o pilares que nunca debemos olvidar. Repasando estos conceptos, nos encontramos con que a veces puede haber algo de confusión en torno a ellos: ¿es lo mismo energía, fuerza o intensidad? ¿Debo interpretar una secuencia más rápido si el director/a me pide mayor intensidad? Hay un poco de lío con todo esto.

En la primer clase, tras unos ejercicios de respiración y tantear un poco por dónde va la expresividad del actor/actriz, es momento de empezar a hablar de estas cosas, cosas que debemos añadir a nuestra mochila de herramientas y que debemos integrar a nuestro trabajo. Hablamos mucho de los niveles de energía: ponemos ejemplos, realizamos ejercicios, pero, ¿es lo mismo energía o fuerza o intensidad? Probablemente sí, aunque seguramente, lo que un realizador nos pida sea mayor intensidad. ¿Significa esto que debo interpretar una secuencia más rápido? ¿Si voy aumentando la intensidad de mi actuación, debo también variar el ritmo o el “tempo” (hablaremos de esto más tarde) de la misma? No. tratamos temas distintos; el actor/actriz debe ser capaz de variar la energía que pone a sus acciones sin necesidad de cambiar el ritmo de éstas. Un buen ejemplo sería el de un sujeto sentado en una silla, completamente inmóvil, teniendo un ataque de rabia y arrugando un vaso de plástico que sostiene en la mano, ¿ha variado su intensidad? Sí, ¿ha cambiado el ritmo de la secuencia o de la propia actuación? No.

Es imprescindible comprender y sobre todo, asumir esto para poder empezar a trabajar. Un error de concepto tan básico puede llevarnos a malentender una escena y por lo tanto, que nuestra actuación no se comprenda y no llegue hasta el público.